lunes, 8 de septiembre de 2025

Es hora de dormir [2/365]

Renunciamos a la profundidad con conciencia. Me digo tras un día que parece haberme arrebatado todo, el ánimo y las ganas. Practicar el disfrute esquivo de los momentos, de este en el que sacudo el cuerpo y lo alisto con cuidado para la hora de dormir. Por fin. Me reviso, como a un objeto extraño que se estudia para entenderlo, estoy cansada. 

Me regalo como último acto de complacencia este espacio caprichoso para solo decir como me siento, para ir limpiando el polvo y poniendo en orden cada espacio que se estropeo. De cantarme un par de nanas para sacar los dolores, para encontrar una sola razón. 

Y como si fueran flores que guardan mi nombre, me ofrendo el sabor dulce y tibio del té que sirvo de compañía a esta hora. El abrazo que fue refugio para mi cabeza confundida. Los mimos de pelo suave que mis gatos me regalan cada tanto. La música y sus letras que me resultan preciosas una por una.

El agua rica de una ducha, el sol entrando en paz por la ventana y ese viento helado que se cuela sin pedir permiso en las horas tempranas del día. El saludo de mamá en la mañana. Los sueños en marcha.

Este silencio en el que poco a poco cae mi casa, la lámpara tenue de mi cuarto y las plantas que se mueven sutilmente con tanta belleza.

¿Qué me queda a esta hora del día en la que parece que no hay nada? Yo me quedo con todas estas cosas, pequeñas, silenciosas, con el tiempo que parece que me pertenece un instante en este susurro. 

¿Qué podría entregar en esta pequeña muerte al final del día? 

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