domingo, 7 de septiembre de 2025

Diez cosas que agradecer [1/365]


¿Cuantas palabras hermosas han sido escritas en el mundo? ¿Cuantos hilos tejidos en telares para hacerle trenzas a esta existencia? ¿Cuantas manos llenas de arcilla para revelarse contra el tiempo y el producir desmedido?

Hay que hacer un espacio grande a lo necesario, pienso hoy. Darle un respiro a la mañana y por una vez en el día, en esta vida, empezar sin el afán recurrente de abrir los ojos. Aprender a abrazar el calor de una cama acompañada o desierta y darle paso a la sensación en la piel. 

Preparar el café y darle varias horas a una torta de chocolate trasnochada y deliciosa, deshaciéndose entre la lengua y el paladar al desayuno. Por un ratito olvidar las reglas pesadas que marchitan cualquier alegría. Andar sin prisa con el cabello revuelto y los ojos aún confundidos. Leer los libros de las listas interminables, de las cosas por hacer por gusto y no por obligación: Tirar y vivir sin culpa, Partos, Rituales de apareamiento, Niñapájaroglaciar.

Hay que abrir un espacio grande para lo necesario, para gustarse frente al espejo, para andar con confianza en los pies que han recorrido algunos años de vida. No muchos, o los suficientes. 
Andar por los seis sentidos concedidos al nacer mujer. Una canción a gritos, los recuerdos de otro tiempo.

Imaginar los días de una semana por empezar, la sensación del falso control, la calma por mantener y el tiempo. Recogerse en una sensación frenética que dicta que escribir. Leer el recuento de los años, reconocerse y no en palabras antiguas.

Descansar en este día llamado propio, sentirse soberana en la libertad de encontrarse siendo si misma. Contar los diez dedos entrelazados de dos manos bajo las cobijas, la propia y la de un hombre que comparte la cama y desde hace un tiempo también la vida. Un beso de buenas noches y la promesa ardiente de volver a despertar.

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