miércoles, 10 de septiembre de 2025

Tanto que soy [3/365]

Siempre tengo muchas preguntas para empezar. La más relevante de hoy es un intangible, ¿de qué tamaño pueden ser los sueños?

Soy una especie de mujer hecha de fuego. Me dieron para vivir un corazón apasionado y a veces casi obsesivo. Se me ocurre de repente que entre mil mujeres podría ser una, a veces por temporadas y a veces una que resulta más definitiva y solo entonces lucho batallas de noches enteras pensando en como poder alcanzarla.

No puedo elegir una sola cosa que me gusta, quisiera también ser todo al tiempo. Me dan ganas de ser una lectora empedernida y no sacar nunca más mis ojos de entre los libros que compro y compro, con la ilusión de una biblioteca entera leída. También me antoja escribir, quien sabe porqué. Un día solo quise hacerlo y acá estoy, sin pretensión de que pase algo con esto, solo por el placer de poner mi voz en letras.

 Me gusta cantar desde niña y entonces a veces paso el día entero sin callarme, pasando del grito al murmullo en un concierto que me pone muy a gusto con la vida.

Me gustan las cosas que se hacen con las manos, por eso estudié diseño y quise también ser artista como una cosa más. Encontré el equilibrio entre las dos cosas en un oficio nuevo que amo y que me atrapa por horas enteras cuando me siento en el taller. También soy joyera.

Estudié para ser profe de yoga porque me derrite la devoción y la espiritualidad, y ponerme mantas en la cabeza y recitar mantras y oraciones y encomendarme a la fuerza de Dios que me acuna y me envuelve y vuelvo a ser una niña en sus cuidados. Es el lugar en el que más amada me siento, ahí, cuando mi espíritu encuentra a su Creador.

Creo después de todo, de tanto que hago y que me hace falta por hacer, que encontrar mi propia voz en cualquier cosa que se me ocurra y en la época en la que me encuentre, es mi desafío más importante. Revelarme ante todo lo que debería y elegir lo que quiero ser. Verme cada mañana como una mujer de montañas alcanzadas, por gusto y también a veces por pretenciosa. 

Me gusta esa parte de mi vida, en la que las ideas solo se me ocurren y me parece que no puedo esperar al otro día para empezarlas a hacer. Muchas veces me sacan de la cama y del descanso porque me desborda la alegría de resolver todo en esa inmediatez. En un instante lúcido en el que puedo alcanzar por fin entero el mundo.

lunes, 8 de septiembre de 2025

Es hora de dormir [2/365]

Renunciamos a la profundidad con conciencia. Me digo tras un día que parece haberme arrebatado todo, el ánimo y las ganas. Practicar el disfrute esquivo de los momentos, de este en el que sacudo el cuerpo y lo alisto con cuidado para la hora de dormir. Por fin. Me reviso, como a un objeto extraño que se estudia para entenderlo, estoy cansada. 

Me regalo como último acto de complacencia este espacio caprichoso para solo decir como me siento, para ir limpiando el polvo y poniendo en orden cada espacio que se estropeo. De cantarme un par de nanas para sacar los dolores, para encontrar una sola razón. 

Y como si fueran flores que guardan mi nombre, me ofrendo el sabor dulce y tibio del té que sirvo de compañía a esta hora. El abrazo que fue refugio para mi cabeza confundida. Los mimos de pelo suave que mis gatos me regalan cada tanto. La música y sus letras que me resultan preciosas una por una.

El agua rica de una ducha, el sol entrando en paz por la ventana y ese viento helado que se cuela sin pedir permiso en las horas tempranas del día. El saludo de mamá en la mañana. Los sueños en marcha.

Este silencio en el que poco a poco cae mi casa, la lámpara tenue de mi cuarto y las plantas que se mueven sutilmente con tanta belleza.

¿Qué me queda a esta hora del día en la que parece que no hay nada? Yo me quedo con todas estas cosas, pequeñas, silenciosas, con el tiempo que parece que me pertenece un instante en este susurro. 

¿Qué podría entregar en esta pequeña muerte al final del día? 

domingo, 7 de septiembre de 2025

Diez cosas que agradecer [1/365]


¿Cuantas palabras hermosas han sido escritas en el mundo? ¿Cuantos hilos tejidos en telares para hacerle trenzas a esta existencia? ¿Cuantas manos llenas de arcilla para revelarse contra el tiempo y el producir desmedido?

Hay que hacer un espacio grande a lo necesario, pienso hoy. Darle un respiro a la mañana y por una vez en el día, en esta vida, empezar sin el afán recurrente de abrir los ojos. Aprender a abrazar el calor de una cama acompañada o desierta y darle paso a la sensación en la piel. 

Preparar el café y darle varias horas a una torta de chocolate trasnochada y deliciosa, deshaciéndose entre la lengua y el paladar al desayuno. Por un ratito olvidar las reglas pesadas que marchitan cualquier alegría. Andar sin prisa con el cabello revuelto y los ojos aún confundidos. Leer los libros de las listas interminables, de las cosas por hacer por gusto y no por obligación: Tirar y vivir sin culpa, Partos, Rituales de apareamiento, Niñapájaroglaciar.

Hay que abrir un espacio grande para lo necesario, para gustarse frente al espejo, para andar con confianza en los pies que han recorrido algunos años de vida. No muchos, o los suficientes. 
Andar por los seis sentidos concedidos al nacer mujer. Una canción a gritos, los recuerdos de otro tiempo.

Imaginar los días de una semana por empezar, la sensación del falso control, la calma por mantener y el tiempo. Recogerse en una sensación frenética que dicta que escribir. Leer el recuento de los años, reconocerse y no en palabras antiguas.

Descansar en este día llamado propio, sentirse soberana en la libertad de encontrarse siendo si misma. Contar los diez dedos entrelazados de dos manos bajo las cobijas, la propia y la de un hombre que comparte la cama y desde hace un tiempo también la vida. Un beso de buenas noches y la promesa ardiente de volver a despertar.