Todavía me pregunto hasta cuando, todavía me veo en el espejo de los días y con los morados, todavía, me pregunto que mas tiene que pasarme por el cuerpo, por la mente y por la vida.
Prefiero este dolor a otros, prefiero contar lo vulnerable que he sido, prefiero decir que aún sabiendo lo extremo del corazón convencido, me he abrazado a otro que es tierra seca y no he sobrevivido.
Pasa el día y la noche y me veo y me río, por lo escandalosa que puede ser la manera del llanto. Sufrir el amor, el amor que se dice ligero y rápido.
Matan solo cinco letras unidas, matan de hambre, de aridez, de piel seca.
Mata de ojos llorosos, mata de labios rotos. Mata el amor caprichoso, mata corazones buenos.
Son 24 demasiado pronto, 24 en que no he aprendido, a confiar menos la vida, a destruir menos la risa, a otorgar el merecido. Y son casi 24, 3 de cantar lo que leo:
"Corazón no seas caballo:
Aprendé a tener vergüenza
Al que te quiera querelo
Y al que no, no le hagas fuerza."
(Fragmento tomado de un dueto cantado, "La Vorágine", J.E.R.)
Y me veo, otra vez me río, porque este amanecer anochecí contenta. Porque cuando salió el sol podía caminar bailando por la vida, y no ha pasado medio día, para darme cuenta que no es completa, que he sacrificado a esta hora la alegría.

No hay comentarios:
Publicar un comentario