El amor nunca me fue fácil,
siempre me costó de más sentirme cómoda con otra persona a mi lado.
Y para cuando ocurrió,
también tomó mucho más de lo que pensé que estaba dando.
El amor siempre fue muy incierto,
algo traicionero,
como una borrachera de tragos dulces que tumba en cuanto se intenta caminar.
El amor es elegir a diario a quien quiero abrazar en las noches así esté lejos.
El amor es que solo me alcancen esos brazos.
El amor fue soltar el miedo de perder el control,
el amor siempre fue abandonar mis prejuicios,
mis juicios y mi razón.
El amor es escuchar historias del mundo desde otros ojos,
el amor es ver mi mismo mundo al contrario.
El amor fue abandonar la calma de la marea que habitaba mi cuerpo,
el amor fue la avalancha que desbordó mis días.
Por eso este capítulo de mi vida debería llamarse "El amor", el que me reta y me besa tan dulcemente, el que va y viene, el que escojo para que me pierda la paz, el que me la devuelve.
Por eso este capítulo,
este amor, y este agradecimiento,
a mi amor.
Por sacarme de la órbita tranquila de mi vida,
por decirme con su voz gruesa,
siempre segura, que esta es la vida.
Por tocarme con sus manos,
por sentir que así se siente vivir;
con la fe rotunda de creer en el amor,
como si nunca me hubiera dolido.
Al menos por ahora.

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