Dos años y mi última evocación en tu nombre.
Los pétalos de las flores se desprenden, los cactus se secan, los castillos de arena se desmoronan y estás tú, sentado tomando un café oscuro y sin azúcar. Extrañamente te he mirado por vez primera como a un extraño, me fue difícil reconocerte, quizás me he empeñado tanto en sacarte de todos mis espacios que a veces te me pierdes.
Tuve mis maletas listas desde que te conocí y te miré con otros ojos, sabía que llegaría el día en que decidirías por los dos que debía irme, pero ya ves, terminé siendo yo la de los pasos firmes y la voluntad decidida, y de repente, te he visto hoy con esa expresión dura que te caracteriza, es raro, pocas veces la noté teniéndote tan cerca. Me pregunté de que te estarías quejando en silencio, aunque son esa y 500 preguntas más que tengo con respuestas perdidas que ya poco quiero saber.
Por mi puedes estar tranquilo, debes saber después de todo que sé guardar secretos, que no diré más tu nombre de 9 letras que se resume en 4, ni tu apellido. No les diré cual es tu fruta favorita, ni cuantas canciones terminaron en horas cortas de historias, risas, apuestas y besos, sobre todo eso, besos, que tampoco pienso compartir con nadie. No les diré como duermes, no les diré lo frágil que puedes llegar a ser.
Te he doblado con calma para guardarte por fin, porque es septiembre y han pasado dos años enteros de intentar descifrarte. Porque no pude más, porque me rindo, porque hoy me duele todo el cuerpo, toda la conciencia y todo el amor.
¿Y tú? ¿Y tú que te llevarás? No sabes más de mi que las líneas gruesas de mi cintura, no me conoces, no sabes de mi canción favorita, ni donde vivo, ni que me gusta hacer, ni siquiera se con certeza si recuerdas mi nombre completo. No sabes lo que me espera, y mucho menos lo fuerte que me has hecho ser. Porque siempre te dio miedo reconocerme y asumirme, porque siempre te asusto ver a que mujer tenías a tu lado.
Por eso nunca me has nombrado, nadie sabe de tu boca mi nombre, ni mi apellido, ni las noches que pasaste conmigo, ni los desayunos que en mi nombre preparaste. Tampoco nadie sabe escuchar tantas historias que tan bien sabes contar, que tan bien se guardar.
Ahora amor mío, como me llamaste un par de veces, termina tu café, parpadea y cuenta de 0 a 10 o si prefieres canta alguna canción.
- Suspira mi vida, que esta es mi última nota, que ya estoy lista, que para cuando abras los ojos por fin habré desaparecido.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario