miércoles, 27 de agosto de 2014

Por favor que sea navidad





Creo que quiero que ya llegue navidad, con muchas luces y toda su nostalgia y ese particular viento helado que trae un olor característico, el del inicio y el culmen de un tiempo de muchos ciclos.

Además, siempre me gustó la navidad y aunque la evitara un par de años, este la quiero ansiosamente. Para esos días veo con más frecuencia a mi familia reunida, abrazo de vuelta a mi amiga Juliana, me invitan a cantar un par de novenas y de unos años acá veo a Isabella cantar cada vez más claro y fuerte los villancicos, además sonríe precioso.

Mis primas por lo general lucen mucho más bonitas esos días, radiantes, siempre parecen más felices, y aunque para esta época ya olvide los deseos que escribo y quemo con mi prima Vivh, disfruto comerme más de dos uvas por cada uno.

En navidad  prometo aprender a tocar el cuatro que me regalé hace 2 navidades, en navidad me habrá crecido el cabello 3 ó 4 cms más,  en navidad me veo la cara deforme en el reflejo de las bolas del árbol de mi abuela y camino hasta tarde con mis papás y mis hermanas por las calles,pruebo todas las natillas posibles, como buñuelos con mi amigo Dani, y no me preocupo por los kilos que me sobran y que ganaré por eso, veo por centésima vez mi pobre angelito y de seguro extraño con más fuerza una que otra ausencia.

En esta ocasión extrañaré a mi primo más que todos los días desde que se fue al ejercito, quizás porque sé que no estará el día de mi cumpleaños, porque si, en navidad también cumplo años.

Este año será mi aniversario 23 y soplaré sin remordimiento, ni miedo alguno las velas. No me quejo, mi vida es muy divertida, río mucho, lloro mucho, extraño mucho, abrazo mucho, me enamoro mucho y a la final vivo mucho. He estrechado lazos en los últimos meses, tengo presencias nuevas que atesoro en mi vida hace un tiempo y que celebraré junto con mi existencia. No hubiese sido lo mismo sin ellos y los agradezco. ¡Me salvan!

Es agosto y cuento con afán los aproximadamente 95 días que quedan para que sea diciembre, tal vez porque este miércoles del año, mientras el trancón me desespera en un bus, me hizo recordar con mucha más fuerza que son enormes mis alegrías pero que suelo abrazarme con las tristezas.

Por favor que sea diciembre y que me quiera.




miércoles, 6 de agosto de 2014

Hoy, antes de dormir






Hay que sostenerse con cuidado cuando el cuerpo es una vasija llena, y ladearse de más significa no poder contener el agua que habita dentro, cuando moverse es soltarse a llorar sin pena.

Acurrucarse y apretar fuerte las piernas contra el pecho en un abrazo de consuelo que solo una misma sería capaz de brindarse es una buena solución de momento y buen comienzo para el descanso.


Cerrar los ojos para no ver el miedo, para apartar las angustias y olvidar el día. Seguir la espiral, volver al centro, al lugar en donde todo empieza, no hacer ruido, para volver a la sagrada contemplación de adentro hacia afuera, para verse de afuera hacia adentro.


Confiar la existencia a las manos más cuidadosas, las propias. Sentir el palpito de una vida temprana y no recordar los errores hechos dolores que acostumbramos a amarrar con fuerza en la memoria. Irrigar el cuerpo con la calma, volver la conciencia en cada latir, contarlos.

Respirar una vez por la sensación del dolor ajustado en el pecho. Dos veces para soltarlo. Tres por la desilusión y el corazón herido. 
Cuatro porque llorar lava las heridas. Cinco porque la calma va llegando. Seis por la conciencia de aceptarlo todo por amor y perdón, para evitar los reproches. Siete porque al repetir las razones se les resta importancia. Ocho porque va doliendo menos. Nueve por la serenidad, la calma, la sabiduría y la paz que pido.

El último respiro profundo de esta noche consiente, para que escampe.

Hoy, antes de dormir, este instante, diez.