No pensar en como se sentiría tener una vida diferente,
ser más bonita y más elegante, inteligente, entendida y culta, exitosa.
Ser otra irreprochable.
No pensar en todo lo que le falta a mi trabajo para ser como espero,
en los errores que he cometido, en los pasos mal dados.
En que a veces quisiera devolver la vida.
En no tener que contármela con los dolores de ahora.
No quiero pensar en todas las chicas a las que envidio a diario,
en sus curvas perfectas y a la medida, en su piel lozana,
e incluso a veces en querer tener su cuerpo espléndido,
porque si, a veces también peco por eso, por quererlo.
A veces solo quisiera reconciliarme con lo que se que soy.
De caber y acomodarme en mi justa medida,
en no ser más medida por otros.
En no ajustarme más a sus quereres.
Tomarme un respiro, salir de la cómoda cueva de mi cuarto,
que aguarda las amarguras y los temores,
abrir las cortinas y dejarme tocar por el sol.
Por lo poético que puede sonar ese momento,
quiero dejar de esconderme de mi misma,
de exigirme tanto y no pasarme ninguna.
Quiero pedirme el derecho a perdonar mis culpas
y a vivir con calma cada tiempo, cada transformación.
No quiero pedirme mayor cosa esta noche,
porque ya lo que pido es tarea difícil,
porque ya lo que pido es tarea difícil,
porque es de noche y las penas pesan doble,
porque estoy cansada y no tendré la fortuna de acabar mi día hoy.
Porque estoy harta de querer ser una y otra,
de no encontrarme en mi misma,
de perderme en el crónico vicio de la comparación,
de querer ser todas, menos yo misma.
Porque necesito tiempo, necesito respiro.
Porque también debo aceptar que duele.
Porque necesito tiempo, necesito respiro.
Porque también debo aceptar que duele.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarLa desnudez de tus letras, fortalecen el carácter de las mismas :)
ResponderEliminar