Tengo una constelación favorita que vive lejos, en el cielo.
Brillante y juguetona como el alma que un día la llevo por nombre,y aunque a veces no puedo verla más que unas horas, basta abrir los recuerdos que ya no son muchos y las palmas de las manos, para que las cicatrices me la devuelvan de nuevo.
Su presencia siempre le perteneció al firmamento. Tan solo visitó la tierra para sacudir un par de vidas con un moño, morder escobas, arrancar pañales y comerse mis lentejas. Para marcar mi infancia... y bueno, quizás también un par de manos.
Es raro extrañar una estrella, pero ahora tengo una constelación en el cielo, que brilla.Que brilla y me mira con ojos azules.

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