"Muerte, ¿dónde está tu victoria?"
Pensaba en la muerte y en que estoy viva. Pensaba en la manera silenciosa que tiene de acercarse, en las muchas veces que me roza y no se decide en mi sino solo para dolerme. Pensaba en las tantas veces que le pedí una tregua y en lo cercana que ha querido serme desde que era niña. En las veces que me ha contado su decisión de suceder, en la implacable y atrevida forma de cumplirse.
Pienso en el sin fin de veces que le he suplicado no tocar algunas almas antes de la mía.
Pienso en lo amiga y lo enemiga que sabe hacerse, en las injusticias que comete y el castigo que debería tener por osada. Pensaba que en cuanto la encuentre, deberá sentarse a escuchar los reclamos que tengo por hacerle, que deberá guardar un silencio religioso por las veces en que odié sus desasosiegos en mi alma, por las veces que fue temprana y sorprendente, por las veces que me tembló de miedo y turbó mi vida en caudales dolorosos.
Por los silencios y las ausencias que dejó. Por tener que vivirla y que morirla, por no terminar de acostumbrarme.
En cuanto te encuentre muerte, y deje de correr para esquivarte, en cuanto escuches mis quejas, y desahogue mi rabia hacia ti, tendrás que llevarme y devolverme en ti todo lo que me has quitado, tendrás que devolverme a los míos.
En cuanto te encuentre, serás tú quien no tenga opción. Deberás cargar con mi vida, cerrar mis ojos y llevarte el último de mis suspiros. -Deberás pedirme perdón- Deberás reconciliarte.
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