miércoles, 22 de enero de 2014

Sin voz

En silencio. Escribo porque no puedo hablar, mi voz se resiste a salir de mi y me obliga a una reserva solemne, inexpresiva e inalterable.

Me queda mucho tiempo para pensar porque mis palabras y el ruido que uso a diario para distraerme ha cesado. La voz de los recuerdos, los desengaños y los triunfos aprovecha la tregua para gritar.

Me cuesta acostumbrarme, poco me gusta escucharme tan detenidamente e intuir mis dolores; la parte dramática que perezosa se levanta y me recoge el cuerpo en la sensación helada de la corriente por mi espalda. Me remueve y me conmueve. Es el mar contenido en mi vientre que se desborda y me hace agua, que me riega y brota inapacible, me hace apoderarme de mi cuerpo en la conciencia absoluta de los recuerdos que guarda cada poro, cada gota, cada lágrima.

Es de noche y mi voz se muda, mis ganas también.

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