Siempre tengo muchas preguntas para empezar. La más relevante de hoy es un intangible, ¿de qué tamaño pueden ser los sueños?
Soy una especie de mujer hecha de fuego. Me dieron para vivir un corazón apasionado y a veces casi obsesivo. Se me ocurre de repente que entre mil mujeres podría ser una, a veces por temporadas y a veces una que resulta más definitiva y solo entonces lucho batallas de noches enteras pensando en como poder alcanzarla.
No puedo elegir una sola cosa que me gusta, quisiera también ser todo al tiempo. Me dan ganas de ser una lectora empedernida y no sacar nunca más mis ojos de entre los libros que compro y compro, con la ilusión de una biblioteca entera leída. También me antoja escribir, quien sabe porqué. Un día solo quise hacerlo y acá estoy, sin pretensión de que pase algo con esto, solo por el placer de poner mi voz en letras.
Me gusta cantar desde niña y entonces a veces paso el día entero sin callarme, pasando del grito al murmullo en un concierto que me pone muy a gusto con la vida.
Me gustan las cosas que se hacen con las manos, por eso estudié diseño y quise también ser artista como una cosa más. Encontré el equilibrio entre las dos cosas en un oficio nuevo que amo y que me atrapa por horas enteras cuando me siento en el taller. También soy joyera.
Estudié para ser profe de yoga porque me derrite la devoción y la espiritualidad, y ponerme mantas en la cabeza y recitar mantras y oraciones y encomendarme a la fuerza de Dios que me acuna y me envuelve y vuelvo a ser una niña en sus cuidados. Es el lugar en el que más amada me siento, ahí, cuando mi espíritu encuentra a su Creador.
Creo después de todo, de tanto que hago y que me hace falta por hacer, que encontrar mi propia voz en cualquier cosa que se me ocurra y en la época en la que me encuentre, es mi desafío más importante. Revelarme ante todo lo que debería y elegir lo que quiero ser. Verme cada mañana como una mujer de montañas alcanzadas, por gusto y también a veces por pretenciosa.
Me gusta esa parte de mi vida, en la que las ideas solo se me ocurren y me parece que no puedo esperar al otro día para empezarlas a hacer. Muchas veces me sacan de la cama y del descanso porque me desborda la alegría de resolver todo en esa inmediatez. En un instante lúcido en el que puedo alcanzar por fin entero el mundo.
